jueves, 6 de noviembre de 2014

Esencial para entender a un Pato.

Nací en Colegiales, pero viví mis primeros momentos en Morón; en el corazón del oeste y del agite, cerca de las vías del Sarmiento, rodeado de tangos y óperas, de esperanzas y desesperanzas. Cuentan que saludaba a cada tren que pasaba; sinceramente no me acuerdo. En este lugar donde no sobraba nada; era época de vacas flacas y vaciamiento cultural se hacía presente. Aun así se veía a la gente sonreír. De chiquito se me calzó una V azulada, y al día de hoy que nunca me la saqué.
Mi infancia se resumen en 12 años recorridos en las anchas y arboladas calles de Mataderos, Lugano y Parque Avellaneda, dónde cada casa tenía su propio patio y hasta algunas sus propios árboles. Si hacías mucho silencio podías escuchar los pájaros cantar mezclado con el sonido de los pocos autos que pasaban por la calle. Era una extraña tierra donde los domingos seguían existiendo, y la ciudad y los suburbios se encontraban en la medida perfecta. Los rayos de sol, incluso en días de verano, pocas veces lograban penetrar entre las ramas de los platanos para dar con el asfalto; un techo natural se formaba en las calles. Era característico ver estas veredas rotas o levantadas por estos árboles. En este momento conocí mi segundo amor para toda la vida, la música. Mis tímpanos dieron con un vozarrón que aún me acompaña, proveniente de estos mismos pagos, que se mezclaba con una inconfundible distorsión y resumían este mismo sentimiento de barrio. En mi casa vivía gente. Mucha. Nunca se estaba solo ahí. Y no hablo solamente de mi familia, hablo de gente que iba a ganarse el pan. Mi casa le dio trabajo a mucha gente. Iluminado por la alegría de una bretona, que cada día te recibía como si no te hubiese visto por semanas, crecí.
Entre libros, discos, distorsiones, mañanas de risas y atardeceres en las afueras del cementerio de Flores se resume mi adolescencia. Mi propio pelo, que alcanzó a acariciar mi cintura, y la falta de colores en mi vestimenta se convirtieron en algo característico. No tardé en quedarme embobado con instrumentos que sonaban al ritmo de un pesado doble bombo y un desaforado que le gritaba a un micrófono. Las calles acá no eran tan arboladas y mucho mas transitadas. Los domingos no eran tan domingos e inclusive podías llegar a ver algún edificio, pero de alguna manera mantenía el espíritu de barrio. Paralelamente a mi persona creció mi indignación por las injusticias, y mi ansias de dejar el conservadurismo lo mas de lado posible. Entre las presiones propias de esta etapa y la constante búsqueda de un destino, influenciado por muchas personas que eran objeto de mi admiración, adolecí.

sábado, 29 de marzo de 2014

Pato sobre el cristianismo.

Este verano me fue útil para darme el ¿lujo? de pensar y reflexionar bastante. Noté que al haber dicho que no era cristiano me equivocaba, y paso a explicar porqué: Leí unas cuantas respuestas que dio Alejandro Szykula (quien en estos meses se dedicó a responder unos testamentos muy interesantes), un tipo a quien admiro bastante tanto como artista pero aun mas como persona, él se definía como cristiano pero no como teísta. Suena contradictorio en primera instancia, pero tratemos de ver un poco mas: Esto trataba de reivindicar a Cristo y su accionar pero dudar de la existencia de la existencia de un Dios. Seguir parte de las enseñanzas y lo que propuso Cristo durante su vida pero no ser católico, ni protestante, ni evangélico ni de ninguna religión. Claro que parte de lo que pregonaba Cristo trataba sobre la religión; en ese caso no se seguiría todo lo que proponía, pero aún así noto admirable y repetible su ejemplo en cuestiones como su romanticismo por su lucha, el desprecio por las injusticias, la humildad, el hecho de lograr "poner la otra mejilla" entre otros. Sigo manteniendo mi escepticismo, sigo pensando que la evolución es un hecho, sigo siendo tan crítico como lo era antes, de hecho mis valores siguen siendo los mismos, sigo sin creer que un Dios lo creó todo, sigo sin creer en Dios, sigo siendo feminista y sigo reivindicando los derechos de las personas de cualquier diversidad sexual, el centro de mi vida sigo siendo yo, lo único que cambia es que a la lista de personas que admiro se le suma Jesús, si bien no coincido al 100% con las enseñanzas de este.
Pienso que los valores que Jesús enseñaba cobran significado por si solos, sin necesidad que haya un Dios, un cielo o un infierno o pecados por los cuales te ves condenado al mismo. Que debemos repetir esos valores por el simple hecho de que todos somos humanos, y al ver a un par sufriendo nos causa empatía; es casi nuestro deber darle una mano. Ver que algo está mal y resignarse sería como ver a alguien ahogándose y dejarlo morir. Hasta me animaría a decir que veo en Jesús a un revolucionario. Lo admiro de una forma similar (y con esta comparación no pretendo faltarle el respeto a nadie, si lo hago desde ya pido disculpas) a la que admiro al Che. No creo que Jesús haya sido el hijo de Dios. Creo que Jesús fue un hombre mas como cualquiera de nosotros. Y me parece que está buena esa idea, que cualquiera puede ser cómo él. Creo que es una motivación para nuestro accionar.
La cuestión es que como nacimos en una sociedad con una tradición de mas de 500 años de catolicismo, nos cuesta separar la idea de catolicismo de la de cristianismo, a pesar de que sepamos que hay otras ramas del cristianismo. Y así nos cuesta separar la idea del cristianismo de las manchas del catolicismo. Al rechazar al catolicismo por su accionar a lo largo de la historia (Que, insisto, lo sigo rechazando, como rechazo todas las atrocidades que se hicieron "en nombre de Dios") rechazamos el cristianismo sin cuestionarnos que son dos términos distintos y qué implica cada uno. Pero si nos ponemos a analizar, teniendo en cuenta el accionar de la iglesia católica a lo largo de la historia tardamos poco en llegar a la conclusión de que el accionar de esta se alejó bastante del ejemplo de Jesús (conste que me refiero a las manchas de la organización, en ningún momento pienso dudar del cristianismo de sus fieles en general, se pueden discutir casos apartados). Preguntémonos: ¿Si Jesús hubiese visto atrocidades como la inquisición, la conquista de América o, yendo a la historia mas moderna, el Plan Cóndor, los hubiese apoyado o rechazado? Preguntándomelo llego a la conclusión de que coincido con Jesús en mas de lo que creía.
Igual, conste que no estoy muy informado al respecto, esto lo hago con lo poco que sé ya que me crié en una familia atea.
Quiero que se entienda algo: sigo siendo tan ateo o agnóstico como siempre. Sigo creyendo que no hay nada después de la muerte. Que de la única manera que es posible que haya algo después de la muerte es si nuestro accionar en vida es digno de quedar en memorias ajenas y que estas memorias sean transmitidas a generaciones que no llegaremos a conocer. De esta manera quedaremos vivos en el recuerdo, en el ejemplo y hasta tal vez en el cariño de mucho, como bien es el caso de Cristo y de otros inquebrantables románticos luchadores contra injusticias que admiro. También me gustaría que conste que no me considero ni un cuarto de lo que eran estos personajes a los que admiro, pero justamente por algo son mis ejemplos.


Para cerrar, un video de Szykula, quien nombro al principio, que contextualiza a Jesús en Buenos Aires en el siglo XXI. Me parece que habla también un poco sobre esta postura.


jueves, 26 de septiembre de 2013

Muchas veces tengo esto de tomar una decisión y no moverme de esa postura, tenga las consecuencias que tenga, me perjudique cuanto me perjudique. No confundamos, no es orgullo, es convicción:
Puede que la linea entre estas dos sea fina, pero la diferencia radica en algo interior, en una cuestión de pensamiento. En el caso del orgullo la idea se mantiene a pesar de que la persona en cuestión sepa que está equivocada y que no puede llegar a buen puerto con dicha idea (No me interesa, en este momento, preguntarme qué lleva a una persona a ser orgullosa). En cambio, en la convicción se mantiene las ideas porque se está seguro de que esas ideas son las que llevarán a buen puerto, aunque tengan un camino doloroso. Al rechazar una idea y reconocerla como mala, la convicción queda atrás, mientras que el orgullo prevalece. La convicción depende de la seguridad que tengamos de una idea mientras que el orgullo es independiente de esta seguridad y se mantiene aun sabiendo que esa idea u opción no es la mas viable. Obviamente alguien de convicciones puede estar equivocado como cualquier ser humano, pero está convencido de sus ideas, mientras que alguien orgulloso puede estar convencido de sus ideas como puede haberlas refutado y, aun así, seguir manteniéndolas.
Me es esencial resaltar que convicción no es un eufemismo de orgullo, sino que son dos términos que, si bien los separa una linea fina e interior de cada persona, son conceptos distintos. Es por el hecho de que esta diferencia sea interior que nos es imposible saber si una persona es realmente orgullosa o solo tiene firmes convicciones y, a lo sumo, es un tanto terca.

Escribo esto porque muchas veces me han tratado de orgulloso, y nunca actué por orgullo, siempre fue por convicción.